Esta historia viene del post anterior… ☺️ Salí con mi carry on desde la casa de Barry, mi coachsurf genio, rumbo a la parada que estaba a la salida del parking de esos complejos ruteros de negocios típico gringo. Cuando las paradas están en medio de un pueblo están indicadas. El horario al que pasaba lo sabía por Google Maps. En algunos casos me clavé más de una hora, pero eventualmente pasaban. Me subí al bus, pagué con monedas y le dije hasta donde iba para que me avisara. A veces el celu en la ruta perdía señal, entonces, pedir ayuda de manera analógico resultaba más eficiente.
Habrá pasado media hora de viaje en la ruta 101. A la derecha el Océano Pacífico, abajo del acantilado, siempre con posibilidades de ver ballenas. De hecho, esa misma mañana había visto. A la izquierda montaña con un bosque bien bien verde. La verdad es que toda esa ruta es increíble. Sin ir más lejos, era la razón de mi itinerario de viaje.
“This is your stop”, me dijo el chofer. Me apresuré a agarrar mis petates y bajé. No esperaba que esta “parada“ fuera en el medio de la ruta, por supuesto que sin señal en el celular.
Para el bondi que tenía que tomar faltaban como 20 minutos así que aproveché a disfrutar el paisaje y la vista. No voy a decir que había quietud y paz porque los autos que pasaban lo hacían a toda velocidad. Pasó una hora, pasaron dos… y no había noticias del bus. Y la verdad es que en ese contexto de estar en la nada misma no había plan B, mucho menos sin tener celu.
Estaba a unos 15km del destino. Como poder caminarlo, podía, pero no había sendero para hacerlo. Debía ir sobre la mínima banquina que había sobre la ruta, del lado del acantilado con los autos pasándome desde atrás. No parecía una opción segura, sobre todo porque llegaría ya siendo de noche. Mientras evaluaba todas estas opciones en mi cabeza, esperaba que el bondi apareciera. Como dije, no sería la primera vez en ser impuntual.
Un auto con dos mujeres mayores se detuvo. ¿Qué hacés acá sola?, me preguntaron. Les respondí y automáticamente me dijeron “subite, que te llevamos. Los domingos no pasa ningún bus”. Me acercaron hasta el motel en Newport Beach en el que pasé los siguientes días

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