LIBERTAD. ¿Qué es? Cobra distinto sentido según el momento, el contexto, la persona o incluso para la misma persona en distintas etapas de su vida. Creo que es una búsqueda, un objetivo, una meta que el ser humano tiene desde que existe. Se resignifica a cada momento y para cada quien. No significa lo mismo para un esclavo, para quienes vivieron en la época de la colonia, para un preso político o para una mujer que no podía siquiera pensar en estudiar, por decir algunos ejemplos obvios. Calamaro, de una manera mucho más bonita, enumeró unos cuantos casos más. Me animaría a decir (filosofando porque es gratis) que la búsqueda de LIBERTAD es uno de los motores de la historia. Sí, lo sé, es mucho más complejo. Hay luchas de poder, dominación, resistencia, etc etc, etc pero no es lo que me convoca hoy acá. (?)

No fue hasta hace unas semanas que me di cuenta que LIBERTAD es una palabra muchos más clave para mí de lo que tenía registro. En términos generales, soy una afortunada porque mi entorno siempre respetó mis gustos y decisiones. Incluso acompañó y alentó desde muy chica. Pude elegir qué anteojos usar cuando tenía 6 años (mamá, ¡no debiste hacerlo!), qué deportes hacer o a en qué secundario estudiar. Siempre fui escuchada y debo gracias infinitas por eso. 💛

Crecí, estudié y después de unas cuantas crisis existenciales empecé a trabajar. Pero había algo que me hacía ruido, incluso me hacía mal. Salté de un trabajo a otro con la sensación de no encajar en ninguno. Lo que hacía me gustaba, mucho pero había una incomodidad que no me dejaba ser. Todo era queja y peso, no entendía por qué.

Me junté a almorzar con un ex jefe y hablando de esto me dijo: «¿Y si seguís con los freelos que tenés? Desde ese lugar recalculá cómo seguir para no volver a escaparte de donde estás». No lo había pensado nunca, pues trabajar es ir a un lugar de 9 a 18hs (con suerte).  ¿No fue eso lo que aprendimos? ¿Cómo es que seguiría trabajando sin esa estructura? Hace 6 años tomé una de las mejores decisiones de mi vida, sino la mejor.

Cuando volví de ese almuerzo una amiga me había escrito por chat: «No sé si estás buscando trabajo pero le pasé tu contacto a X. Están buscando un perfil como el tuyo. Lo que sí es freelance… No sé si te interesa». De repente flashee señales del universo. Quizás lo que me había dicho Nahue no era tan mala idea.

Ya en mi casa hablé con mis viejos. Era tan fuerte mi idea de trabajo y la relación de dependencia que tenía, que en la charla dije: «Renuncio, sigo con estas cuentas que ya tengo y busco más tranquila… quizás para trabajar del lado del cliente». Y ahí es donde la falta de libertad se pone peligrosa porque ni siquiera me permitía pensar en la opción de trabajar freelance oficialmente. Era un «mientras tanto» y no porque alguien me lo dijera. Era yo misma. Aunque algunas voces se sumaron: ¿Y las vacaciones? ¿Y el aguinaldo? ¿Y de dónde vas a sacar clientes?.

Desde una mirada racional era el momento para hacerlo. Todavía vivía con mis viejos por lo que techo y comida en el peor de los escenarios no iban a faltarme. Y si no funcionaba, nunca me costó más de dos semanas conseguir trabajo, por suerte. No tenía mucho que perder. Pero no tenía idea de que tenía tanto por ganar.

Tomé la decisión con apoyo absoluto de mi familia pero como yo sentía que estaba rota por no encajar decidí empezar terapia. Ese era el motivo 100%. «Hola, sí. Me encanta lo que hago y creo que lo hago bien pero cada vez duro menos en los trabajo. La paso mal, me pagan… bue, trabajo un millón de horas…. ¿En qué estoy fallando?» En un segundo desarmó mis pensamientos: «¿Quién te dijo que tenés que trabajar en relación de dependencia?». De repente todo fue claridad. Era cierto. Eso que estaba arrancando podía ser el nuevo camino. No sabía bien qué forma tomaría, de dónde saldrían los clientes, la burocracia de la que debía empezar a hacerme cargo (agradecimientos para mi padre incondicionalísimo fumándome en pipa con consultas al día de hoy). Había muchísimas incógnitas pero tenía tiempo para ir resolviéndolas andando. Mi viejo siempre dice: «andando los melones se acomodan» y quizás por ahí venía la cosa.

Hoy hace exactamente 6 años tuve mi primera reunión en @grey_argentina. Recuerdo la marca, recuerdo a los que me hicieron la inducción para sumarme a un súper equipo pero bajo esta modalidad que creería que era nueva para todos. WOW. 6 AÑOS. 😱😱😱

Sin querer me desarmé, me permití correrme de esos mandatos y descubrir un montón de cosas que quizás fueron la causa y motivo del paso que le siguió después. Empecé por renunciar a un trabajo estable, que se supone que es lo que la sociedad dice que hay que tener y entonces, encontré la fórmula para mi felicidad (que no necesariamente es la del resto). Encontré la manera de hacer lo que quiero, disfrutarlo -mucho- y sentirme libre. Abrazo esa LIBERTAD y no hay día que no agradezca esa decisión. En cada barcito lindo que me siento a trabajar y por qué no en las semanas que no duermo nada por llegar con entregas. 🙄

Flor Bourguet Un tiempo después sentí que esa misma libertad era la que me habilitaba hacer otra cosa que me hace muy feliz: viajar. Si soy libre en mi trabajo y no le debo mayores explicaciones a nadie, ¿por qué no voy a poder estar un tiempo recorriendo lugares que siempre quise conocer? El día que abrí una computadora en un piso 40 en un Starbucks en Seattle me sentí tan plena que probablemente no existan palabras que puedan plasmar lo que que me pasaba por el cuerpo. Obvio que no todo es color de rosas y hay que hacer esfuerzos: a veces dormir muy poco o perseguir pagos por más de un año (real 😒) Pero no por eso dejo de sentirme libre ni un solo instante. ¿Por qué? Porque yo tomo las decisiones y asumo los costos. Sino sentime la sonrisa de esta pibita que en Seattle en 2017 no podía más de la felicidad. 🥰