Cuenta la leyenda (?) que a los 7 años de edad, dudosamente habilitada por mi corta estatura, me subía a cuanta montaña rusa podía. Si era adelante de todo, mejor. No sé cuánto les convencía la idea a mis padres, pero mis ganas podían más. Recuerdo estar sentada en el Space Mountain en Magic Kingodm y que mi mamá me agarrara de la colita del pelo como si desde ahí pudiera asegurarse que no fuera a salir volando. 🙈

Desde entonces una vida entera pasó, pero algunas cosas no cambiaron. Sigo disfrutando como cuando era chica esa adrenalina. Te sentás y esperás a que empiece. Sube lento para llegar a ese punto de no retorno. Velocidad y una y mil caídas. ¿A dónde? No sé. Subís, bajás, gritás, girás, ves el cielo en tus pies, volvés a girar y también a gritar. Finalmente, para. Respirás.

Puede sonar contradictorio porque estás atado, agarrado al asiento pero ahí, en esa pérdida de control total, para mí, hay libertad. Son pocos los espacios en lo que me encuentro sin posibilidades de pensar. Ese es uno de ellos. Todo va demasiado rápido y no elegís la dirección. Va para donde se supone que tiene que ir. Quizás como la vida…

Ah listo, qué profunda me puse con la foto de Hulk. Todo esto era para decirles que para mí es la mejor montaña rusa de Universal.